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Jun
22

EN EL LABERINTO DEL DISEÑO (Y VICEVERSA)

“El laberinto no es un área plana, ni de fácil desciframiento. Por el contrario, es un lugar vivo y complejo, lleno de fronteras entrelazadas, de encrucijadas, de alternativas, de límites y de posibilidades que se deben transitar, experimentar y apropiarse, para poder resolverlo”.

Gloria Angélica Martínez De La Peña.

Bien vista, la actividad de diseñar puede compararse con un laberinto. Desde cierta perspectiva, diseñar es como andar laberinteando por allí: ensayar respuestas a preguntas que aún no las tienen, proponer posibles soluciones a problemas aún no resueltos, intentar nuevos movimientos o configuraciones, transitar caminos desconocidos, buscar sin seguridades, desenredar y volver a hilar, confrontar incógnitas, superar artificios y desafiar enigmas… en fin, ir y venir en un espacio de intersecciones y múltiples senderos posibles, donde las dudas suelen insistir y los confines resguardarse borrosos entre nieblas.

Hemos culminado muy recientemente el módulo “Diseño y Gestión de E-Learning”, en el cual consideramos un par de temas interesantísimos: El diseño de un proyecto de e-learning, y la estrategia de diseminación de un proyecto de e-learning. Quedo con ganas de explorar más cada uno. No porque no hayamos revisado suficiente, sino porque una vez más, adentrarnos durante una sola semana en dos temas que en mi opinión dan, cada uno, para un semestre universitario, es un ejercicio que parece más un abrebocas que otra cosa. ¡Cuánta tela debe haber para cortar en esos dos nuevos corredores que el e-laberinto propone!

Entre las reflexiones interesantes que me llevo de este módulo está el haberme dado cuenta de que el e-learning es una herramienta que pasa por encima de su nombre; es decir, que puede utilizarse mucho más allá de proyectos formales de aprendizaje, pues podría ser muy útil, por ejemplo, para proyectos de investigación y desarrollo. Claro que ello requiere otro tipo de diseño (¡pero es que en esas estamos!).

Como parte del módulo tuvimos un foro sobre diseño que me pareció muy rico en contenido y que creo puede servir como argumento a favor de la hipótesis expuesta la principio de este artículo: que el diseño es como un laberinto. Porque yo sostengo –y así lo expuse en ese foro– que solemos hablar de diseño asumiendo que este es un proceso lineal: se detecta un problema, se hace un análisis, se establecen unos objetivos, se pasa a la fase de creación e implementación y luego se evalúa el diseño.

El anterior un esquema limpio y claro, pero creo que idealiza el asunto; al menos a mí me parece que el proceso de diseño es mucho menos lineal y ordenado. Que no se da en etapas consecutivas, sino más como en un ir y venir constante de una fase a otra (que no es necesariamente la siguiente en la línea); hacia atrás, adelante y a veces en círculos; en ocasiones en saltos, otras en pasos muy cortos y otras incluso sin movimiento aparente. Todo ello en un transcurso enredado, complejo y caótico en el que se va tropezando y aprendiendo y haciendo ajustes y reajustes mientras continúan los traspiés; en un devenir en el que aciertos, decepciones y descubrimientos bailan al mismo ritmo y que a veces parece tener más de adivinar e intuir, que de bosquejar a partir de certezas. Un laberinto del mejor, pues.

En cuanto al segundo e igualmente laberíntico tema, el de diseminación, diré que me hizo recordar mi primera profesión, la de publicista, en la que duré casi 10 años antes de cambiar de carrera en 1994 y dedicarme desde entonces a la formación y a la educación. La esencia de lo que es diseminación no se diferencia mucho del esfuerzo publicitario: se trata de hacer conocer a públicos determinados, un mensaje o contenido; en este caso, un proyecto (o uno de sus aspectos) de e-learning.

No obstante, aprender sobre el tema de diseminación en la era del e-learning me hizo darme cuenta de que probablemente yo ya no tenga las competencias técnicas para ser publicista hoy. La tecnología ha cambiado tan radicalmente la comunicación, los medios existentes son tan diferentes y variables, y la maraña de vías para hacer llegar un mensaje es de un entramado tal (¡hola otra vez, mi querido laberinto), que el asunto de la diseminación merece, o más precisamente exige, una aproximación igualmente diferente (valga el oxímoron). Si ya, en el área en la que me desempeño, veo que hay un sinfín de cosas que me quedan por aprender, no te cuento en un área a la que solo he visitado muy ocasionalmente en los últimos 20 años.

Y bueno, para cerrar con una anécdota, el laberinto a veces se constituye no solo porque desconocemos cuál es el camino correcto en su interior, sino porque las paredes, pisos, senderos y similares, es decir, lo que pudiera servirnos de asidero, nos son también inciertos. Así, un texto en correcto español puede, a pesar de estar redactado en ese idioma, volverse algo ininteligible o que al menos debe ser releído varias veces para comprenderse, si el contexto y las referencias con que está escrito no las comparte el lector.

¿No me creen? Entonces lean el siguiente texto que encontré en uno de los documentos revisados en este módulo. Léanlo una sola vez y díganme, honestamente, si lo comprendieron así o si necesitan leerlo de nuevo:

“Tanto el blog del docente como el corporativo de Grial están conectados con sus respectivas cuentas de Twitter mediante otro plugin (Twitter Tools) instalado en WordPress. Así, el título y un enlace de cada post publicado en el blog se propagan a Twitter inmediatamente. Por otra parte, una aplicación para Facebook denominada RSS Graffiti permite beber los posts del blog y publicarlos en los perfiles de esta red social”.

Fácil ¿no? (Aquí entre nosotros, de verdad que a veces no sé qué hacer con esta insistencia del e-laberinto en mostrarme el universo de desconocimiento del cual soy portador). Chanzas aparte, parece que la influencia de la tecnología llega mucho más allá de lo que pudiéramos pensar en primera mirada; es decir, el e-laberinto puede ofrecernos aventuras de aprendizaje en lugares insospechadísimos, dada su capacidad de modificar incluso lo que decimos, cómo lo decimos y cómo lo entendemos. Je, je, je… ¡el laberinto también es lingüístico!

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