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Jun
05

UNA PUERTA LLAMADA FLIPBOARD

“La puerta se cerró detrás de ti, y nunca más volviste a aparecer…”

Estrofa de la canción “La Puerta”, escrita por Luis Demetrio.

Y bueno, a veces en un cruce, el laberinto te propone varias puertas, una de las cuales tienes obligatoriamente que cruzar, y que te lleva a un destino que tampoco conoces (en el fondo, música de concurso de televisión y la voz medio estridente y acelerada de un odioso animador con lacito: “A ver, Hugo, tienes delante de ti, 7 puertas, cada una con nombre distinto. Detrás hay… bueno, no sabemos que hay… ni siquiera sabemos si es un premio o no, pero no puedes escapar de tu sino y tienes que escoger una, solo una y únicamente una y atravesarla, para llegar a un lugar que ignoras. ¿Cuál es tu decisión? ¿Cuál de todas estas misteriosas puertas escoges?”

En este caso, las puertas tenían nombres relacionados con servicios de curación de contenidos y como parte de mis labores en el módulo C “Catalogación, gestión y búsqueda de información en e-learning” tenía que escoger uno de ellos que no conociera hasta el momento. Tomé una respiración y seleccioné la puerta que llevaba el nombre de Flipboard.

Ya había escuchado hablar de Flipboard y pensando que el asunto sería más bien de trámite, entré en la página web correspondiente para inscribirme, una vez más, en otro sitio web en el que no tenía intención de inscribirme antes de comenzar el Máster. Alguien me había dicho que se trataba aquí de escoger contenidos específico y que el sistema transformaba el asunto en una suerte de revista agradable de leer.

Muy bien, me inscribí en el servicio y allí comenzó mi pena, porque en principio no entendí para nada cómo funcionaba el asunto. Por fin logré hacer una revista y darle un título (me salió uno muy sugerente: “Tecnología y Educación”, ji, ji, ji), y luego, sin saber muy bien cómo fue que los encontré, empecé agregar artículos. Hasta allí todo bien, pero luego resulta que cuando quería abrir mi revista, esta a veces desaparecía o los artículos que había agregado no estaban allí. Cerraba y volvía a abrir la página una y otra vez, pero nada distinto pasaba.

Pasé dos días en ese suplicio, hasta que anoche, buscando alguna información adicional en Internet, me enteré de que Flipboard era una aplicación que había sido desarrollada inicialmente sólo para teléfonos celulares con sistema operativo Android. “Con razón. ¡Y yo tratando de que esto funcionara en mi Mac!” pensé, y me dije que definitivamente había escogido mal la puerta. Pero después leí que a partir de 2014 el servicio estaba disponible en línea, de manera que la excusa ya no me servía. Volví a maldecir a Flipboard, porque en cualquier caso el asunto no me funcionaba y finalmente cerré mi computadora no sabiendo qué iba a hacer para cumplir con la tarea.

Esta mañana me levanté temprano y por no dejar, volví a abrir Flipboard. Vaya usted a saber porqué, allí estaba ¡Oh Cielos! mi revista, de lo más bonita, con los artículos que yo había ido agregando, todos reunidos para ser leídos cuando quisiera.

Los laberintos tienen magia en su interior y a veces pasan cosas allí que no nos es dado explicar. A veces abres una puerta y adentro hay una suerte de carrera de obstáculos espantosa, entonces la vuelves a cerrar y a abrir, y resulta que adentro hay ahora una revista para leer, compartir y aprender. Me pongo a revisar la revista, incluso con cierto grado de satisfacción, pero no dejo de preguntarme cuánto tiempo durará esa revista allí detrás de la puerta, antes de que esta vuelva a cambiar de opinión.

Por lo pronto, aquí está el enlace de mi revista. Vayan rápido, que uno nunca sabe:

https://flipboard.com/@hugomarichales/tecnolog%C3%ADa-y-educación-02sc98svy

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